Revista ENIGMAS 233, ¡YA A LA VENTA!

7 04 2015

A punto de cumplirse los 70 años de la supuesta muerte de uno de los mayores genocidas de la historia, Adolf Hitler, analizamos este mes en la revista ENIGMAS los misterios en torno a su figura, sus maestros ocultos, la relación del Partido Nazi con el ocultismo y las profecías que advirtieron de la llegada del Tercer Reich. Aquí podéis ver el sumario digital:

http://www.revistaenigmas.com/secciones/sumario-digital/ya-ha-salido-enigmas-233

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Y en Twitter: @revistaENIGMAS

ENIGMAS Nº233





Los Magos de la Guerra

9 07 2014

Acaba de salir a la venta el nuevo libro de Óscar Herradón, Los Magos de la Guerra. Ocultismo y Espionaje en el Tercer Reich, editado por Libros Cúpula (Planeta).

Los magos de la guerra





ENIGMAS 191, ¡YA A LA VENTA!

6 10 2011

ENIGMAS Nº 191

Reportajes del Mes:

Los caballeros de la esvástica en busca del Santo Grial

El segundo hombre más siniestro y poderoso del Tercer Reich, Heinrich Himmler, viajó a España en una visita oficial que serviría también a sus fines ocultos y a sus obsesiones, entre ellas, la búsqueda del Santo Grial.

La bestia de Cachtice

Han pasado muchos siglos, pero la sombra de la condesa aún recorre las ruinas del viejo castillo, como el eco de un horror que permanece…

Ufoleaks, al fin al descubierto

Es una obra atrevida y rompedora, que habla claro y con documentos, de lo que se nos ha ocultado sobre el fenómeno OVNI… que es mucho.

La maldición de los exploradores

Fueron hombres que persiguieron sus sueños, llegando allí donde nadie antes lo hizo, viviendo el misterio de enclaves únicos… y malditos.

El “Stonehenge” del Amazonas

En la Amazonía los arqueólogos han descubierto un extraño conjunto de piedras demasiado parecido a Stonehenge. Hablamos con ellos…

Tocarios, la raza perdida de China

Son la raza perdida, porque poco o nada tienen que ver con el lugar donde se asientan; gentes de rasgos caucásicos y estatura excepcional…

Bélmez, 40 años después

Han pasado cuatro décadas desde que apareciera la primera cara, y ahora, en una nueva investigación, han surgido datos sorprendentes.

Anjikuni, la desaparición de un pueblo

Ya han pasado 80 años desde que este pueblo esquimal desapareció de manera misteriosa y fulminante. Esta es… su extraña historia.

Además: secciones fijas, sorteos, cómics, libros y mucho más.

Teléfono para suscripciones: 902 540 000





Tiahuanaco, la puerta de los dioses

12 07 2011

Nazis tras las huellas de la raza aria

Tuve una revelación cuando, siendo un joven ingeniero, observé un día una ola de acero fundido sobre la tierra mojada cubierta de nieve: la tierra estallaba con cierto retraso y con gran violencia.

 Han Hörbiger

Hoy existe una auténtica fascinación por las civilizaciones desaparecidas, por las grandes construcciones del pasado que, como en Mesoamérica o Egipto, desafían por su antigüedad –muy discutida- y su complejidad arquitectónica, a los estudiosos de diferentes campos. Desde las páginas de mi muy querida revista ENIGMAS no son pocos los artículos que dedicamos, desde hace ya muchos años, a lugares tan fascinantes y a su vez tan desconcertantes como Chichen Itzá, Machu Picchu, Angkor Wat, el Valle de los Reyes, la isla de Pascua, Stonehenge, Teotihuacán o Tiahuanaco, entre muchos otros, enclaves milenarios donde el misterio siempre encuentra resquicio para liberarse de la encorsetada metodología de la ciencia más ortodoxa. Lugares mágicos, sin duda, tanto por su belleza como por su trazado, su orientación y su desafío, en ocasiones, a la misma razón.

Puerta del Sol de Tiahuanaco, en el altiplano boliviano.

Pero esa fascinación actual, que va en aumento, por esos templos del Cosmos y del pasado no es nueva, pues ya cautivó a numerosos eruditos del siglo XIX y principios del XX, entre ellos a personajes que trabajaron para la maquinaria nacionalsocialista, algunos de ellos, incluso, nazis convencidos. Ya vimos la pasión de Wirth por las pinturas rupestres y la Atlántida, de Grönhagen por los Eddas y la religión pagana del norte de Europa, de Wüst por los persas y el orientalismo… también de la Ahnenerbe por la cultura megalítica que llevó a considerar Externsteineel “Stonehenge alemán”; pues bien, también las culturas precolombinas llamaron poderosamente la atención de la Orden Negra y de su líder, y lo que es más insólito, la propia Sociedad Herencia Ancestral organizaría una expedición –finalmente frustrada– al Nuevo Mundo como antes lo hiciera al Este y al Norte de Europa, al Mediterráneo y al Norte de África y más tarde lo haría a los confines de Asia, episodio que enseguida recuperaremos del olvido de la Historia.

Emblema de la Sociedad Herencia de los Ancenstros (Ahnenerbe)

El lugar elegido sería precisamente Tiahuanaco, en el altiplano boliviano, y su artífice el estudioso alemán Edmund Kiss. Veamos primero quién fue este singular personaje que acabaría sirviendo a las órdenes del príncipe de la Orden Negra. Kiss había nacido en 1886 en Alemania. Había estudiado arquitectura y más tarde se aficionó a la arqueología –ciencia que afirmaría haber estudiado, pero que no parece fuera cierto-. Para cuando llamó la atención de los nazis, era un veterano y héroe de guerra que en la Primera Guerra Mundial, la misma en que lucharon tantos futuros nacionalsocialistas, incluidos su líder, había sido herido de bala en dos ocasiones y condecorado con dos cruces de hierro, de primera y segunda clase.

Tras la conflagración pasó a trabajar como contratista de obras en Münster y allí en donde entraría en contacto por primera vez con la denominada Teoría de la Cosmogonía Glacial que también se convertiría en pasión fundamental de Himmler. Dicha Teoría del Hielo (Welteislehre o Grazialkosmogonie) había sido ideada a principios del siglo XX por un ingeniero y astrónomo aficionado austríaco, Hans Hörbiger, ayudado por el astrónomo amateur Philipp Fauth, quien la expuso en 1913 en su libro Cosmogonía Glacial, que alcanzaría pronto un éxito inusitado en toda Alemania e incluso fuera de ella.

Según Hörbiger, que no tenía una sólida formación científica fuera del campo de la ingeniería, la materia prima del Universo era el hielo, presente en todos los rincones del Cosmos: la Vía Láctea y todos los cuerpos celestes –a excepción de la Tierra, que no lo estaba en su totalidad– estaban revestidos de aquel material. Según el pseudocientífico, en el principio de los tiempos había existido también una enorme madre de fuego mucho más grande que el Sol. Para Hans, cuanto acontecía en el Universo se debía a una lucha primigenia entre estos dos elementos antagónicos: hielo y fuego, que más tarde, sin duda por intereses políticos en plena Alemania nacionalsocialista, extrapolaría a la lucha entre los arios y los seres inferiores (Untermenschen). En un momento dado, ambas masas chocaron y se produjo una brutal explosión, similar al Big Bang, que habría originado los planetas, un total de 30 según él, todos ellos dominados completamente por el hielo a excepción de la Tierra.

El ingeniero austríaco Hans Hörbiger, cuyos postulados influirían en Hitler y en Himmler.

Utilizando conceptos místicos derivados del ariosofismo y aquellos conceptos científicos que le interesaban para esbozar su atrevida –y para muchos absurda- teoría, que sería objeto de una aplastante denuncia del mundo académico, continuó apuntando, con complejas y a menudo absurdas explicaciones, que los cuerpos celestes poderosos como nuestro planeta atrapaban con su fuerza gravitacional a lunas más pequeñas en órbitas decrecientes que acababan impactando contra la Tierra, provocando grandes inundaciones, terremotos y erupciones volcánicas. Nuestra Luna actual sería la cuarta y las tres anteriores, en su colisión, –generando “fracturas de luna”–, habían sido nada menos que las responsables de los cambios climáticos en la antigüedad, la desaparición de los dinosaurios e incluso de la Atlántida. La última de estas hecatombes, la que acabó con el continente perdido platónico, tuvo lugar, según él, hacía once mil años.

Como Blavatsky y más tarde ariosofistas como Liebenfels, también creía que la tierra estuvo un día poblada por seres extraordinarios, como gigantes, por lo que no es de extrañar que los científicos le consideraran, más que un advenedizo, prácticamente un loco. Siguiendo su enrevesada teoría, los pocos supervivientes de la subida de las aguas se habrían refugiado en cinco “plazas atlantes”, situadas en Nueva Guinea, Abisinia, México, el Tíbet –a donde también acudirían los caballeros de la esvástica– y Tiahuanaco, en Bolivia, que sería el enclave que más tarde despertaría el interés de Edmund Kiss y de la Ahnenerbe.

Hörbiger iba aún más allá y en tiempos del Tercer Reich, cuando se afilió al Partido nazi y gozó del respeto incluso de Adolf Hitler, afirmaría que “los embriones de los arios había permanecido conservados en el hielo cósmico primigenio antes de su caída en la Tierra en forma de protoplasma”. Hörbiger, como buen nacionalsocialista, no podía comulgar con las teorías evolucionistas (no obstante, una parte importante del darwinismo influiría notablemente en la cosmovisión de Hitler, pues postulaba que sólo las especies más fuertes –el hombre ario, claro- pueden sobrevivir) que señalaban que los arios, como el resto de seres humanos, descendían de los homínidos y tampoco con la visión judeocristiana del creacionismo–.

A pesar de los enrevesado y ridículo de sus teorías, Hörbiger comenzó a ganar adeptos entre la comunidad Völkisch y poco después cautivaría a los nazis, incluido como digo el propio Führer, que también consideraba su lucha en términos de una batalla primigenia entre la luz (el fuego, que identificaba a los arios) y las tinieblas (el hielo, el frío que representaba a los judíos y a los enemigos del Reich).

Cubierta de Los Eddas, de Snorri Sturluson, las compilaciones islandesas de mitología nórdica que inspirarían a Hörbiger.

El ingeniero se había inspirado en los Eddas de Snorri Sturluson, que tanto dieron de sí a los nacionalistas alemanes, donde se relata cómo el Universo salió del caos primigenio gracias al enfrentamiento entre el hielo que cubría Ginnungagap, en el norte, y el fuego que originó el viento que soplaba desde Muspellsheimr, en el sur. Tras el contacto con el fuego, parte del hielo acabaría fundiéndose y del agua subsiguiente surgiría el cuerpo de Yurir, engendrador de los gigantes.

Hans estaba convencido de que la tierra volvería a sufrir una hecatombe, esta vez la definitiva, un cataclismo que haría la vida imposible sobre el planeta, cuya corteza estallaría y el hielo lo dominaría todo hasta que la Tierra acabara estrellándose con el Sol. No aportaba demasiadas esperanzas a la raza humana, aunque parece que predijo más bien la caída de su Tercer Reich…

El mayor entusiasta de entre los nazis con la Cosmogonía Glacial sería, cómo no, de nuevo Heinrich Himmler, que dedicaría un departamento de la Ahnenerbe a su estudio y verificación, incluyendo entre los estudiosos en nómina del instituto al propio Hans Hörbiger. La teoría del ingeniero gozó de tanta popularidad porque era intuitiva –el mismo Hans afirmaba que la había ideado gracias a una inspiración–, y “puramente germánica” para los grupos Völkisch, que debía contrarrestar la ciencia racionalista judía representada por Albert Einstein y por Sigmund Freud. Himmler, Göring, Baldur von Schirach (líder de las Juventudes Hitlerianas), y el propio Hitler, todos sentían devoción por la Teoría de la Cosmogonía Glacial, hasta el punto de que en los megalómanos proyectos del Führer para la ciudad de Linz, donde descubrió su “misión” providencial, en el Pöstlingberg, con una espléndida vista de la ciudad y de los Alpes, el líder nazi pretendía construir un gran observatorio astronómico coronado por una gran cúpula con un planetario de tres pisos: el inferior mostraría la concepción cosmológica de Ptolomeo, el segundo la de Copérnico y el piso superior la Teoría de la Cosmogonía Glacial de Hörbiger, que precisamente era conocido por los nazis como “el Copérnico del siglo XX”.

Baldur von Schirac, líder de las Juventudes Hitlerianas, quien compartía los postulados de la Teoría del Hielo Cósmico.

Próxima parada, Bolivia
Así que Edmund Kiss se sintió fascinado por la teoría de Hörbiger y pensó que podría corroborarla en los Andes bolivianos, concretamente en Tiahuanaco, cerca del lago Titicaca, convenciéndose de que sus espectaculares ruinas no eran sino vestigios de una antigua colonia nórdica en el Nuevo Mundo. En 1927 el robusto arquitecto y escritor –sus novelas, de las que luego hablaré, tuvieron un éxito inusitado en Alemania-, se puso en contacto con el polifacético estudioso austríaco Arthur Posnansky, que vivía en Bolivia, sería director del Museo Nacional del país y de la Sociedad Arqueológica boliviana, fundada en 1930, y era un “experto” en las milenarias ruinas que despertaron la inquietud de Kiss.

Una de las escasas imágenes que se conservan de Edmund Kiss.

Basándose en supuestos cálculos arqueoastronómicos, que realizó en colaboración con Ralf Muller, dedujo que Tiahuanaco había sido construida en torno al 15.000 a.C. en plena era glacial antediluviana. Siguiendo las teorías de Hörbiger y otros, señaló que debido a la gran inundación del 11.000 a.C. (que hacía coincidir con el Diluvio universal bíblico), hubo una progresiva disminución del lago Titicaca, que provocó que la ciudad de Tiahuanaco, construida –según él- en sus orillas, se distanciara unos 22 kilómetros debido a los cambios en el nivel del mar.

Pero Posnansky aún iba más allá. Afirmaba que tras la gran inundación, los supervivientes fueron capaces de desarrollar avanzadas técnicas agrícolas que generaron excedentes de maíz, patatas o maca. Para corroborar sus hipótesis, además de las mediciones arqueoastronómicas, aportó el hallazgo del esqueleto de un toxodonte –un mamífero extinto hacía 12.000 años-m junto a huesos humanos en un mismo estrato estratigráfico. Para él era suficiente e hizo oídos sordos a los arqueólogos contemporáneos más serios, que consideraban que Tiahuanaco había sido diseñado y levantado hacía unos 2.000 años por el pueblo andino indígena antepasado de los incas.

Aquellas espectaculares ruinas y sus inmensas puertas labradas con jaguares y extraños caracteres mitológicos, Posnansky creía que habían sido construidas por un misterioso grupo de inmigrantes procedentes de tierras occidentales, de raza aria, claro. Arthur, que según Christopher Hale “se equivocaba de medio a medio”, había macerado su curiosa fantasía en el caldo venenoso del racismo, que contribuiría a incrementar Kiss y sus delirios Völkisch. Posnansky sentía un enorme desprecio por los pobladores de la zona, los aimara, máxime cuando éstos sostenían –probablemente no sin razón-, que Tiahuanaco había sido construida por sus antepasados hacía unos 2.000 años. Edmund Kiss introduciría a su colega en la antropología racial alemana y Arthur se propuso hacer algo que sería muy común entre las hordas nacionalsocialistas de la Ahnenerbe durante los años 30: realizar mediciones –craneales y de otro tipo- de los pobladores locales, además de tomar fotografías, para clasificarlos racialmente y comprobar si su nivel de desarrollo les había permitido realizar construcciones de tales características. Evidentemente, Posnansky, los aimara no pasaron la prueba.

Plano de Edmund Kiss de Tiahuanaco.

Kiss absorvió también las ideas de su colega y en 1928 decidió viajar a Bolivia financiando su expedición con los 20.000 marcos que había ganado en un concurso literario. Durante meses Tiahuanaco se autoconvenció de que habían sido los arios quienes habían levantado la ciudad usando una avanzada tecnología y que habían tenido que abandonarla tras la catastrófica serie de inundaciones y erupciones volcánicas señaladas por Hörbiger. Kiss dibujó numerosos planos de la ciudad y copió cuidadosamente todas las enigmáticas inscripciones.

Hörbiger creía que en el centro ceremonial boliviano se practicaba hacía milenios una religión mística de culto al Sol muy anterior al del antiguo Egipto, algo que Kiss “corroboró” sobre el terreno. Además, se sintió especialmente atraído por una gran cabeza de piedra que mostraba al parecer rasgos nórdicos “puros” y esto, unido a que descubrió también un parecido mayor de las construcciones con la arquitectura dórica de Grecia que con el “estilo inferior” de las edificaciones de los indios, le llevó a afirmar que aquellos templos constituían, según Rosa Sala Rose, “un  territorio periférico del legendario imperio de la Atlántida”.

En la denominada “Puerta del Sol” de Tiahuanaco, Edmund Kiss halló una inscripción que el alemán consideró un calendario astronómico que creía sería capaz de descifrar y que constituía una prueba, a su parecer, de las teorías cósmicas de Hörbiger. Aunque los expertos suelen datar el complejo boliviano en torno a unos 500-2000 años de antigüedad, Kiss, imbuido por sus propios delirios pseudocientíficos, llegó a escribir: “Hay algo que sabemos, y resultaría extremadamente difícil convencernos de lo contrario: aunque no puede suponerse la edad de Tiahuanaco, ¡debe de tener como mínimo millones de años!”. Y se quedó tan ancho.

Lo más curioso es que, como ya empezaba a ser demasiado habitual, aquellas heterodoxas opiniones fascinarían a los nazis, principalmente a Heinrich Himmler. De nuevo en su país, Edmund Kiss trabajó durante un tiempo como inspector municipal en Kassel y comenzó a publicar numerosos ensayos “científicos” y rimbombantes novelas que tenían como protagonista indiscutible a la Atlántida, creando para sus obras de ficción –aunque basándose en sus supuestos descubrimientos- una élite dominante de nórdicos rubios a los que llamó Asen y que, cómo no, libraban una lucha con unos terroríficos eslavos de piel oscura que estaban a sus órdenes, trama que ideó en la novela Primavera en la Atlántida, publicada en 1931.

En sus delirios raciales, Heinrich Himmler pretendía enviar de nuevo a Bolivia a Edmund Kiss en una nueva expedición financiada por la Ahnenerbe.

El líder de los Asen era un tal Baldur Wieborg de Thule (una vez más la cuna mitológica de los hiperbóreos), que, además de ser el impulsor de la “agricultura genética” –como lo sería más tarde el Gran Maestre de la Orden Negra, a su manera-, acababa siendo asesinado por las turbas criminales de “seres inferiores”.

También ese año publicó la novela La última reina de la Atlántida, ambientada 14.000 años atrás y que narraba la historia de la marcha de los atlantes hacia los Andes (Tiahuanaco), donde llevaron a cabo curiosos experimentos eugénicos y esclavizaron a la población local, más o menos lo mismo que harían los nuevos “atlantes” nacionalsocialistas en el Viejo Continente en los años 30, esterilizar y someter a trabajos forzados a los Untermenschen, para, en los 40, acabar exterminándolos sin contemplaciones.

En 1937 Kiss escribió el ensayo La puerta del Sol de Tiahuanaco y la Cosmogonía Glacial de Hörbiger, su texto más famoso, donde contaba sus experiencias en la altiplanicie andina, acompañando sus investigaciones con sus dibujos de impresionantes templos y retratos de unos habitantes altos y esbeltos ataviados con extraños ropajes futuristas, además de numerosos artículos sobre la Atlántida y los misterios de Sudamérica, que cautivaron a los nazis hasta el punto de que revista como SS Mann o la publicación oficial de las Juventudes Hitlerianas, Die Hitler Jugend, los publicaban habitualmente. Himmler también quedó cautivado con el libro y ordenó incluso que se encuadernara un ejemplar con piel de la mejor calidad que serviría como lujoso regalo de Navidad para Hitler.

Kiss, por tanto, no tardó en pasar a engrosar las filas de la Orden Negra y de la Ahnenerbe. En 1936, el estudioso había firmado el “Protocolo de Pyrmont”, que sellaba el apoyo de la Herencia Ancestral a la Teoría de la Cosmogonía Glacial y comenzó a presionar al Reichsführer-SS para que patrocinase un nuevo viaje suyo a Bolivia, esta vez una gran expedición que contara con 20 personas entre arqueólogos, botánicos, zoólogos, astrónomos y un equipo de filmación dotado de las técnicas de exploración más modernas, como cámaras submarinas (con las que pretendía rastrear el fondo del lago Titicaca), equipo para tomas aéreas, etc…

El SS Wolfram von Sievers, responsable de la organización de las expediciones de la Ahnenerbe.

Además, tenía la intención de realizar un minucioso trabajo de campo geológico desde Colombia hasta Perú, que aportara evidencias de los antiguos cataclismos que promulgaba Hörbiger. Himmler se mostró de acuerdo con la solicitud y pidió a Wolfram von Sievers que recaudara el dinero necesario y realizase todos los preparativos, aunque el Reichsführer envió mientras tanto a Edmund Kiss a Libia con la intención de que estudiase la costa mediterránea en busca de evidencias fósiles de la Cosmogonía Glacial.

El viaje estaba programado para 1939, año en que Kiss publicó otra de sus célebres novelas, Los cisnes cantores de Thule, donde narraba la epopeya de los Asen, que regreaban a su hogar ártico y en cuyas naves ondeaban banderas con esvásticas azules y plateadas; ya que tras la explosión de la Tercer Luna –donde se ve de nuevo la enorme influencia de Hörbiger en su cosmovisión–, Thule se había convertido en un bastión helado e inhabitable, los Asen pusieron rumbo al sur y fundaron las antiguas culturas helénicas del Mediterráneo, en sintonía con la visión nazi, que consideraba a griegos y romanos arios –incluso el propio Führer, como ya vimos–.

El lago Titicaca, objeto también de las investigaciones de Edmund Kiss.

A pesar del entusiasmo y el éxito de las teorías de Kiss, Sievers calculó que el salario de los miembros del equipo costaría unos 100.000 marcos del Reich; aquella no era la única costosa expedición que se estaba planeando o realizando –por aquel entonces Ernst Schäffer y sus hombres estaban a punto de regresar de un carísimo y peligroso viaje al Tíbet– y el estallido de la guerra, que obligaría a desviar muchos de los fondos de la Ahnenerbe y las SS a investigaciones orientadas a la política armamentística, paralizaron por completo el ambicioso proyecto.

No sería la única expedición de la Sociedad Herencia Ancestral que se vería interrumpida por el estallido del mayor conflicto bélico de la historia humana, provocado, eso sí, por los propios nazis y su política despiadada. Himmler veía así frustradas muchos de sus más delirantes planes, aunque no tardaría en desviar su atención hacia otros que, además de delirantes, serían nocivos para millones de personas, diabólicos planes que analizaré en el próximo y último capítulo.

Edmund Kiss tampoco había logrado viajar al Tíbet –otro de los “vestigios atlantes” donde comprobar la Cosmogonía Glacial– junto a Schäffer, ya que a este último le aterraron sus fantasiosas ideas y convenció al líder de la Orden Negra de que no podía llevar consigo a un hombre de bastante edad para ese tipo de odisea. Entonces Kiss, a pesar de su imponente figura –medía metro noventa y pesaba más de 100 kilos–, tenía 53 años, cuando el miembro de mayor edad del equipo de Schäffer no pasaba de los 38. Pero no adelantemos acontecimientos.

Adolf Hitler posando en los exteriores de la Guarida del Lobo junto a algunos de sus hombres.

Con el estallido de la Segunda Guerra Mundial, la causa de la cancelación de su ambicioso viaje, Edmund Kiss se enroló en las Waffen SS, las unidades especiales de combate de la Orden Negra, llegando al grado de Obersturmbannführer (jefe superior de unidad de asalto), cuya insignia eran cuatro cuentas de plata y un línea centrada en el cuello izquierdo del impecable uniforme, y más tarde comandante de la Guardia Personal de los Cuarteles Generales de Hitler en el Wolfsschanzeo Guarida del Lobo, construido en 1941 con motivo de la ofensiva alemana sobre la Unión Soviética.

Tras la guerra, Kiss fue hecho prisionero por los aliados e internado en el campo de Dachau, símbolo primero de la barbarie nazi y más tarde prisión de sus propios edificadores. Parece que fue liberado en 1948, pero a partir de entonces, como pasó con muchos personajes vinculados de una u otra manera al Tercer Reich, desapareció de escena y su pista se perdió de los libros de Historia. ¿Viajaría de nuevo a Sudamérica, cuna de las grandes civilizaciones de la antigüedad que le cautivaron?

Más información en: “La Orden Negra. El ejército pagano del Tercer Reich”, Óscar Herradón. EDAF, 2011.

http://www.edaf.net/es/libro.asp?producto=1845





LA ORDEN NEGRA. El ejército pagano del Tercer Reich

21 01 2011

Acaba de salir a la venta La Orden Negra. El ejército pagano del Tercer Reich, publicado por la editorial EDAF. A continuación presento una breve sinopsis del contenido y la página de la editorial a través de la cual pueden adquirirse ejemplares. En los próximos días iré colgando diferentes sorpresas y contenidos relacionadas con el libro y con el siniestro entramado de la organización creada por Heinrich Himmler en la Alemania nazi. Un saludo a todos.

¿Cómo Adolf Hitler logró llegar a ser el líder de una nación que pondría en jaque a toda Europa? ¿De qué modo alcanzó un poder tan desmesurado? La razón hay que hallarla en una inusual mezcla de agudeza política y la convicción fanática en unas creencias delirantes.

Y en medio de ese entramado que atenazó al mundo, se encontraba una fuerza oscura que contribuiría a expandir el implacable poder del “Reich de los Mil Años” y que se extendía por todo el imperio nazi. Su nombre, todavía hoy, suena estremecedor: la Orden Negra, el ejército pagano del Tercer Reich. Una obra indispensable que revelará al lector aspectos inéditos y sorprendentes de las SS y su protagonismo en uno de las mayores dramas de la historia.

Al frente de este cuerpo militar de “superhombres” arios se hallaba Heinrich Himmler, el “mago negro” del Partido Nazi. Desde su bastión místico, el castillo de Wewelsburg, el Reichsführer de las SS dirigiría su particular cruzada convencido, como su Führer, de que tenía una sagrada misión que cumplir. A través de la Ahnenerbe envió expediciones por todo el mundo en busca de los vestigios de la raza aria, exigió a sus guardias negros una inmaculada ascendencia nórdica, recuperó rituales paganos ancestrales, promovió atroces experimentos y, finalmente, llevó a cabo la denominada “Solución Final” que acabaría con la muerte de millones de seres inocentes.

Este libro recoge el camino de terror seguido por los caballeros negros del Tercer Reich, en cuyo origen y creencias se encuentran las claves principales para comprender en profundidad la Alemania nazi. Una obra indispensable que revelará al lector aspectos inéditos y sorprendentes de las SS y su protagonismo en uno de los mayores dramas de la historia. 

http://www.edaf.net/es/libro.asp?producto=1845





Revista ENIGMAS 180, ¡YA A LA VENTA!

11 11 2010
ENIGMAS Nº 180

Este mes en la revista ENIGMAS realizamos un inquietante viaje al interior de nuestro planeta, en busca de esas civilizaciones subterráneas que se refugiaron bajo tierra por diferentes razones, unas veces por temor a extrañas amenazas venidas del exterior, otras para estar más cerca de sus dioses…

En este sentido, recordamos la heterodoxa Teoría de la Tierra Hueca que desde hace varios siglos trae de cabeza a muchos investigadores, a pesar de ser denostada por la ciencia oficial y recordar más a un argumento de los pioneros escritores de la ciencia ficción. Eruditos de la talla del jesuita Athanasius Kircher o el astrónomo Edmund Halley se interesaron por ella y algunos personajes como el norteamericano John Cleves Symmes dedicaron su vida a intentar demostrarla.

Las ciudades subterráneas de Capadocia, la Cueva de los Tayos (Ecuador), los reinos míticos del Tíbet, moradas de los dioses… ¿Qué se oculta bajo tierra? ¿Existen aún hoy civilizaciones que pasan desapercibidas bajo nuestros pies? ¿Qué amenaza se cierne sobre nosotros…?

Además, entrevistamos en exclusiva al controvertido periodista Antonio Salas, a raíz de la publicación de su último y exitoso trabajo, El Palestino (Martínez Roca, 2010), quien nos desvela las redes ocultas del integrismo islámico y nos habla de la implicación de algunos importantes personajes de la escena internacional en las mismas. Una conversación que no dejará a nadie indiferente.

Zahi Hawass, Secretario de Antigüedades del Gobierno egipcio, nos desvela el misterio de la tumba de Keops en su visita a Madrid el pasado mes y publicamos impactantes imágenes de la fiesta de la Calaca en México, donde el Día de los Difuntos se vive como una gran festividad en la que la muerte se convierte en la indiscutible protagonista.

Realizamos también un viaje en el tiempo hasta 1945, año en el que un grupo de oficiales nazis de las SS sumergió en el lago Topliz, en los Alpes austríacos, numerosas cajas con la ayuda –obligada– de los lugareños. ¿Qué ocultaban? ¿Continúa ese “tesoro” bajo sus aguas…? Uno de los muchos secretos del Tercer Reich.

Francisco Contreras Gil viaja hasta el Real Monasterio de Guadalupe, en Cáceres, un inquietante enclave sagrado al que miles de fieles acuden cada año en septiembre, y en el que los supuestos milagros y otros hechos sobrenaturales son moneda común. Partimos también hacia el norte de Pakistán para visitar uno de los lugares más sorprendentes del planeta: el Valle de Hunza, más conocido como el “Valle de los Inmortales”.

Además, con motivo del 400 aniversario del Auto de Fe de Logroño, durante el cual se ajustició a varias personas, nuestro colaborador Javier García Blanco nos recuerda el caso de brujería más tristemente célebre de la historia de España: Zugarramurdi, donde se desató una epidemia “brujeril” que despertó el recelo de la Santa Inquisición y que todavía hoy resuena cual lamento inmortal por la injusticia que se desató entre aquellas gentes cuya memoria fue restituida precisamente por un inquisidor: Alonso de Salazar y Frías.

Y también: recordamos la figura de Enrique de Villena, más conocido como “el Nigromante”, En Filmoteca, revisamos Promesas del Este de David Cronenberg, agenda, libros, sorteos y mucho más…

Además, este mes la revista se ofrece, por sólo dos euros más, con el magnífico libro Las Reliquias de Hitler, de José Gregorio González, un absorbente viaje a las entrañas de la Alemania nazi y a los delirios místicos de su líder, Adolf Hitler, quien, cual iluminado, buscó con ahínco reliquias como el Santo Grial, la Lanza del Destino o el Arca de la Alianza con la intención de que su supuesto poder mágico le ayudara en su gesta guerrera contra las potencias aliadas. Un texto necesario en toda biblioteca de un buen amante del misterio. 

 Teléfono para suscripciones: 902 540 000





Revista ENIGMAS 173, ¡YA A LA VENTA!

31 03 2010

ENIGMAS Nº 173

Este mes en ENIGMAS nos adentramos en una de las organizaciones más siniestras de toda la historia humana: la Orden Negra de Heinrich Himmler, las SS nazis que se rodearon de un aura mística para acabar sembrando el terror en media Europa. Inspirándose en la Orden de los Caballeros Teutónicos, el Reichsführer-SS, obsesionado por lo oculto y por el pasado mítico alemán, dotó a sus guardias negros de distintos símbolos y credos, instaurando una serie de rituales paganos que pretendían acabar con el cristianismo y reinventar una religión en el Tercer Reich, la religión del Nuevo Orden instaurado por Adolf Hitler.

Con la ayuda de Karl Maria Wiligut, el “Rasputín” nazi, un loco con pretensiones de iluminado que decía poseer una memoria ancestral que le permitía comunicarse con los ancestros germánicos, Himmler convirtió en su cuartel general el castillo de Wewelsburg, en Paderborn, cerca de Westfalia, donde sus generales de división llevaron a cabo extraños rituales secretos en la cripta conocida como Valhalla. Las ambiciones del líder nacionalsocialista, que quería “crear” al superhombre ario, pasaban por construir un Estado-SS en los territorios conquistados del Este, bajo el nombre de Burgundia, y para ello llevó a cabo el más terrible plan de la Alemania nazi: la denominada “Solución Final” o exterminio de aquellos que consideraba pertenecientes a las “razas inferiores”, principalmente judíos y eslavos, que sufrieron lo indecible en los campos de la muerte del régimen más atroz edificado por el hombre moderno.

Obsesionado por el pasado remoto alemán y por los objetos de poder, Himmler creó también junto a Walter Darré y Herman Wirth la denominada Deutsches Ahnenerbe, “Herencia Ancestral Alemana”, un instituto de investigación que realizó excavaciones y envió expediciones a rincones remotos del globo en busca de los vestigios de la raza aria, reescribiendo la historia, la prehistoria y la ciencia alemanas a su conveniencia. Desde los palacios partos de los reyes de Irán, pasando por Sikkim y Lhasa en el Tíbet, la extraña tierra de Karelia en Finlandia o los antiguos palacios de Croacia, los miembros de la Ahnenerbe intentaron hacer realidad el sueño megalómano de su jefe.

Himmler, el “mago negro”, también visitó España en los primeros años del gobierno franquista, que simpatizaba –principalmente a través del ministro Serraño Súñer- con el régimen nazi. El Reichsführer viajó hasta Montserrat, quizá en busca del Grial, el mismo que obsesionó al medievalista alemán Otto Rahn y que éste buscó en el bastión cátaro de Montségur a instancias también del líder de la Orden Negra. Heinrich visitó también Madrid, Segovia y Toledo, y envió a sus hombres en busca de objetos sagrados como Mjolnir, el Martillo de Thor. Este fue su delirante sueño frustrado…

Además, el periodista y escritor Eric Frattini nos desvela los secretos de “la hermandad de los sádicos”, aquellos Papas que en lugar de erigirse en “Vicarios de Cristo” se entregaron a la lascivia, el sadismo o el crimen, mancillando su cometido y convirtiendo la Santa Sede en centro de sexo y perdición.

En un magnífico e ingenioso dossier, no exento de fina ironía, recordamos la historia de aquellos personajes que dijeron ser profetas o agoreros y fecharon el fin del mundo, el nacimiento del Anticristo o la Segunda Venida del Mesías para una fecha concreta –equivocándose siempre-, desde el estigmatizado Bongiovanni, a los líderes de diferentes sectas, pasando por diversos Padres de la Iglesia e incluso por hombres de ciencia como Isaac Newton.

Desvelamos además las polémicas “revelaciones” de la Nueva Era y viajamos hasta Egipto para conocer de primera mano las últimas investigaciones realizadas sobre las momias de Tutankamón y sus familiares para desvelar su verdadero linaje.

El investigador Bruno Cardeñosa viaja hasta el monte Rainier, en Washington, donde tuvo lugar el avistamiento que marcaría el inicio de la moderna ufología: en 1947, sobre su cima, el piloto civil Kenneth Arnold avistó nueve No Identificados que harían historia.

Además: el esplendor de Nimrud; “Falsas muertes de personajes famosos”; Abizanda, el museo del más allá; cine, cómics, libros, sorteos y mucho más…

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